Vian Dante es eso. Un caminante de la ciudad y la montaña que en el hecho mismo de caminar encuentra la forma de hacerle frente al letargo indiferente, cómodo, en el que se encuentra gran parte de la gente de su país. Camina para luego darse cuenta, atisbar, dónde existe. ___________________________________
No entendía bien el significado de esta expresión: “fue como una puñalada en el corazón”. Nunca la había utilizado y me preguntaba: ¿cómo relacionar una sensación determinada, por dolorosa que fuera, con una herida tal que quien la tenga ya no estará más para contarlo?
Esta herida producida por un golpe fulminante, fatal, la presencié hace unos instantes cuando desde mi cómoda silla, y al frente de la pantalla del computador, vi, y lo más significativo, escuché a una madre campesina que contaba cómo, cuándo y dónde perdía a su hijo, sin saber aún por qué.
Tantos son los casos de asesinatos, masacres, desapariciones y desplazamientos forzados en Colombia que la violencia se ha naturalizado. Y, con ella, la impunidad y sus eternos quién y por qué sin respuestas.
La mujer del documental, allá en el pueblo de San Francisco, ubicado en el oriente antioqueño, recorre aquellos caminos amarillos de tierra, encumbrados en montañas minadas de fantasmas y de “quiebrapatas”, para hilar sus pasos con sus recuerdos. Para caminar al lado de la memoria en búsqueda, como de la cosecha más esperada, de la verdad.
Al ver “Una puñalada en el corazón”, de Producciones El Retorno, surgen sentires ambivalentes. Por un lado, impotencia, ¿cómo no?, ante las realidades que imponen los hombres armados y embotados (y sus titiriteros de traje engalanado) en el campo, en el pueblo y en la ciudad.
Por otro lado, el coraje enseñado por seres, aquí encarnado en mujeres y madres colombianas, que pese al dolor inefable del puñal en el pecho, el mismo que emanaba ayer leche hoy sangre, hoy llanto, no replican el odio en sus palabras, la venganza en sus actos.
Por la verdad, por la vida, por la justicia (ultrajadas en estas tierras), caminan, preguntan, indagan, invitan, lloran, se limpian, se fortalecen, resisten. No se sabe cómo lo hacen pero lo hacen. Pese al miedo, a la tristeza, miran de frente al asesino que impávido y arrogante luce sus estrellas en un país donde todo ocurre pero nada pasa, donde todo pasa pero nada ocurre. _______________________________________
Es su nombre el que todavía resuena con fuerza en las calles, es su rostro el que aparece dibujado en los muros, son sus palabras las que están estampadas en los corazones de muchos.
Ver el video también me ayuda a recordar los momentos más difíciles que me tocó afrontar, pues al pasar el tiempo cobra fuerza y sentido la memoria de lo que nos ha tocado vivir a quienes defendemos la vida.
En este como en otros campos, hay una disputa por la construcción de sentidos, por la definición de la imagen de la ciudad, y para ayudar a comprender esta complejidad, La Fiesta Blanca es una herramienta fundamental.
Ellos, atentos y silenciosos, hacen parte de los rituales, graban cada detalle para luego enunciarnos, como si hubiesen hecho un pacto con la memoria, un pacto con las mujeres y sus resistencias.
Ellos, atentos y silenciosos, hacen parte de los rituales, graban cada detalle para luego enunciarnos, como si hubiesen hecho un pacto con la memoria, un pacto con las mujeres y sus resistencias.
En mi concepto, y desde mi experiencia de más de 30 años como afectada directa de la violencia, los considero como una especie de “tejedores de la historia».
Los caminos del retorno se han tornado complejos, porque no solo implican el regreso físico, sino, y sobre todo, recuperar lo que se tenía, lo que se perdió en el desplazamiento: la familia, la casa, la producción, los sembrados, los vecinos, la escuela, la comunidad, la cooperativa, la junta, la esperanza…
El intento por romper la barrera interpuesta entre estos dos mundos es la orden del día. Con el documental Dignidad Campesina se abren grietas a ese muro para que el país se entere de que un nuevo mundo está en construcción.
La “expresión y reflexión” que El Retorno busca promover en las comunidades sobre su propio entorno por medio del audiovisual tiene en este documental un momento valioso, sobre todo como parte de un proceso que se da en el espacio y el tiempo.
La mujer del documental, allá en el pueblo de San Francisco, ubicado en el oriente antioqueño, recorre aquellos caminos amarillos de tierra, encumbrados en montañas minadas de fantasmas.
La foto encubre tragedias, pero la escena también refleja serenidad, y tal vez por los matices de los colores y los pequeños detalles, me recuerda a las pinturas de los maestros antiguos.
Por eso este material es invaluable. Llevarlo a distintos escenarios de discusión, con público diverso, ofrece un excelente punto de partida para un debate amplio sobre el papel de los medios de comunicación en Colombia.
Es un acierto que la Escuela haya incorporado el eje de la memoria como plataforma de formación, investigación y creación; ya que permite a las comunidades campesinas hacer ejercicio de memoria de su historia de desplazamiento forzado por el conflicto.
Dos videos de Producciones El Retorno, elaborados en uno de los momentos más duros que ha vivido la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, me permiten confirmar la lógica del engaño y la mentira.
Este tipo de documentales ayudan en esa necesaria reflexión e interpretación sobre esta dura realidad, contribuyendo a combatir esa imagen estigmatizada que se tiene sobre los habitantes del barrio La Candelaria en Cartagena.
El documental transmite sensaciones. Está hecho desde una cámara enamorada de los colores, del río, de la montaña, de los emberas que con palabras sencillas nos enseñan por qué debemos asumir la defensa de los sitios sagrados.
Guardar silencio no es alternativa, sería cobardía, complicidad con los que generan la muerte, y por eso nace Producciones el Retorno, para hacer Memoria como compromiso histórico, político y de dignidad humana.
Desde la propuesta de “El Retorno” se comienza a producir gran material audiovisual, y con la serie documental Refugiados en su propio suelo (2004-2009) se pudo difundir la situación de los campesinos en situación de desplazamiento forzado.