El retorno

CUANDO VOY A LA ESCUELA

CUANDO VOY A LA ESCUELA
IDENTIDAD EN ACCIÓN Y EL EVENTO IRREPETIBLE
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Por: Santiago Andrés Gómez

Santiago Andrés Gómez es crítico de cine, escritor y uno de los documentalistas y realizadores más prolíficos de su generación. Hace parte del colectivo experimental de cine Madera Salvaje. Sus trabajos más sobresalientes son los documentales Diario de viaje (1996) y Fricciones (2000), y sus trabajos argumentales, sobre todo los que conforman una trilogía sobre el amor, la traición y la muerte: Clemencia (1997), La valentía (2000) y El vacío (2004).
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Producciones El Retorno es una de las mejores ideas, una de las más sensibles iniciativas que hayan surgido en los contextos del audiovisual antioqueño y colombiano. Lo más admirable es el logro de la continuidad, pues está visto que sus actividades diversas y sus textos, su producción de sentido, requieren ante todo de persistencia, de tiempo, de la posibilidad de crecer desde unos primeros trazos y unos primeros actos de memoria, y perdurar en labores de renovación y herencia.

Esta pedagogía en el audiovisual para “la expresión y la reflexión [de las comunidades campesinas] sobre su propio contexto”, como nos insiste Gustavo Hincapié, en entrevista publicada en el blog Madera Salvaje, que es objetivo de las actividades formativas de El Retorno, teje sus repercusiones de a poco y asumiendo que la relación de estos campesinos con lo audiovisual es peculiar, no puede ser igualada a cualquier otra, y en diversas manifestaciones se caracteriza por una inicial noción de lejanía o extrañeza con el medio.

La relativa debacle de las televisiones comunitarias, relativa pero más cierta de lo que uno quisiera, desde los años noventa, cuando la privatización y la entrega de los canales a los grandes monopolios disminuyeron enormemente la posibilidad de comunicación audiovisual de los territorios en Colombia, no fue capaz de detener el auge de los medios y, con ello, de expresiones que oscilaban entre la voluntad de estandarizar los productos y la de hacer cultura desde la resistencia.

El Retorno está inscrito en esta coyuntura, y su historia se puede ver como una de las más oportunas desde un punto de vista que privilegie lo que se ha dado en llamar “el empoderamiento” de los territorios.

Su labor merece todo el estímulo que ha recibido y el mayor que aún se le pueda dar, ya que desde la misma metodología empleada se privilegia un aprendizaje que surge desde la sensibilidad y la pre-existencia, digamos, de una realidad, emotiva y cultural, física y económica, que, como percepción sensible de la comunidad, de los individuos, debe guiar el relato, digamos otra vez: “desde abajo”.

Cuando voy a la escuela (2012), en ese sentido, es un ejemplo ambicioso por acoger la escritura de eventos, de encuentros, de sucesos que interactúan con el audiovisual en un camino de auto-representación estimulante, mucho más allá de las expectativas narrativas de los espectadores del video comercial, o de la televisión. El video se compone de varios niveles o pisos térmicos, podríamos aventurar, en diversas veredas de Antioquia, todas muy apartadas de los centros económicos, políticos y culturales del poder (básicamente, de Medellín).

Numerosas marcas dan señas de lo que identifica a estos sectores, tanto en la acepción de lo que los hace diferentes, y de lo que los relaciona. Un mosquitero en una cama, en otra de otra vereda, pero no en todas, muestra por igual que hay cosas que se comparten más con unos entornos que con otros, pero la experiencia reunida es definitivamente la de una realidad común: el viaje a la escuela. 

Es interesante que no haya habido sino este acuerdo para la grabación de los diversos episodios del video, pues a partir de ahí se establece una comunidad de miradas y se observan las distancias o diferencias culturales, topográficas, educativas, que hay entre todos estos niños, sus familias e instituciones educativas.

Ver el video por primera vez resalta los detalles: las lecturas de niños que así aprenden a leer de testimonios de la propia comunidad sobre el conflicto, son momentos de valor y belleza inigualables, el mero detalle de observar a una niña que ve televisión, hipnotizada, por la noche, luego de mucho trabajar, el modo en que un niño se va a echar machete, a rozar, como se dice, o podar la maleza del monte, y lleva una lima en su bota y la saca y se sienta a limar. En cambio, ver el video por segunda vez permite entender una estructura además muy elemental, pero también sometida a cambios y en momentos inesperada.

La cronología del día, desde el amanecer, el desayuno, el camino a la escuela, a veces en soledad, a veces en compañía, las primeras horas de clase, los recreos, el testimonio de niños y profesores ante la cámara, los deberes, la salida y el regreso, lleno de detalles distintos que motiva o bien el registro espontáneo o bien una representación siempre ficticia y siempre expresiva de verdades culturales intrínsecas, el algo, los trabajos en la finca, en el cafetal, en las lomas, el descanso, viendo televisión con la familia casi siempre, el regreso a la cama, la noche, son etapas de una jornada que uno a la vez espera y no espera.

La “expresión y reflexión” que El Retorno busca promover en las comunidades sobre su propio entorno por medio del audiovisual tiene en este documental un momento valioso sobre todo como parte de un proceso que se da en el espacio y el tiempo, que tiene lugar específico en sectores que sin duda acusan el impacto de la elaboración del video, de los énfasis que propone para atenta observación de propios y ajenos. Y con todo, o por eso mismo, es la dimensión autóctona la que prima, la que pesa: Cuando voy a la escuela no es un video, es un proceso, y más ciertamente un evento, como mejor cabría expresarse, encadenado a otros sucesivos y adyacentes. Evento con sus logros y repercusiones peculiares, enmarcadas en antecedentes de formación, de sugerencia, de impulso creador y pensante, y con repercusiones cuyo resultado se ha visto y se verá aún, por parte de quien esté al tanto o resulte pertinente para el caso.

La ficción, más especialmente, es un ramo en el que tal vez haya que hacer énfasis, pero también la recreación constante con el audiovisual en muchos sentidos, no sólo de memoria, sino también lúdicos y cognitivos (digamos en el video arte y en un fértil cine-ensayo para niños: autorretratos, parodias, catarsis irracionales). Es mucho el trabajo por hacer, y El Retorno, gracias al apoyo de entidades que han sabido reconocer su valía, no dejará de hacerlo. De eso tenemos garantía plena y suficiente.
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POR LOS CAMINOS DEL RETORNO
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