PRÓLOGO Por: Área de Comunicaciones – Asociación Campesina de Antioquia -ACA. ___________________________________
“Desde una nación donde alguien proscribe el sueño, donde gotea el tiempo como lluvia envilecida y la risa es condenada por traición a los espejos”. Juan Manuel Roca, poeta colombiano.
Apenas arrancaba este siglo y el país ya vivía el agite social derivado de la devastadora guerra inconclusa del siglo pasado, una Violencia con mayúscula, heredada de otros conflictos históricos no resueltos que han tenido su epicentro en los territorios rurales. A finales de la década de los noventa se intensificaron las masacres, los asesinatos selectivos, los reclutamientos, los combates y los desplazamientos forzados en los rincones más apartados de la geografía nacional. Trayendo como consecuencia el despojo de amplios territorios, de los cuales tuvieron que salir expulsadas cientos de miles de familias campesinas que tenían en la tierra su único patrimonio, su sustento, su modo de vida. Fueron años de temores repetidos, de tomas armadas y toques de queda. Eran los tiempos del Caguán, en los que en el “país nacional” se hablaba de paz y en el “país rural” se consolidaba la guerra. A los bordes y a las periferias de las ciudades se fueron aferrando los expulsados del campo, refugiándose algunos en casas de familiares que ya habían sido desplazados de tiempo atrás durante otras guerras, en las mismas violencias.
Hacer memoria para narrar y denunciar lo sucedido parecía imposible en un “país institucional” que negaba el conflicto. Retornar se convirtió entonces en una esperanza, y recordar en una necesidad. Y es así que llegamos a este camino, empujados por la insistencia en no dejar pasar de largo los relatos que dan cuenta del desarraigo, por documentar esos retazos dispersos que componen las historias de un país roto, las voces persistentes que intentan sobrevivir al olvido impuesto y que, a la vez, construyen apuestas colectivas para volver a la tierra en la que sembraron tanta esperanza.
Encarar lo sucedido no ha sido fácil, ha significado volver a narrar los hechos, nombrar los dolores y develar los poderes estructurales que han alentado y se han beneficiado del despojo. Pero ha sido un camino que también ha permitido tejer puentes entre personas, comunidades y procesos organizativos, aprender de los otros, re-conocerlos y articular propuestas; así como trascender fronteras y llegar a las más diversas latitudes.
Han ido pasando los años, ahora la memoria y la “restitución” se han vuelto discursos frecuentes en el “país de las leyes”, ese entramado institucional todavía tan ajeno y distante de la realidad. A su vez, los caminos del retorno se han tornado complejos, tanto como diversos y azarosos, porque no solo implican el regreso físico, sino, y sobre todo, recuperar lo que se tenía, lo que se perdió en el desplazamiento: la familia, la casa, la producción, los sembrados, los vecinos, la escuela, la comunidad, la cooperativa, la junta, la esperanza…
Aprovechamos el paso el tiempo para volver a mirar los caminos recorridos, descritos en las palabras de amigos y cómplices, de personas que han acompañado este trasegar y que se han unido al ejercicio de volver a ver los documentos audiovisuales que hemos publicado, para comentarlos y proponer reflexiones que hoy parecen ser más urgentes que ayer. En estas páginas hay imágenes y relatos que son apenas bosquejos del camino, instantes que son memoria por la fuerza de los rostros y las voces de quienes desafían los abismos que nos separan, ecos de un pasado no muy lejano que define nuestro presente y que nos alerta sobre lo que no puede repetirse en el futuro. ___________________________________
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Es su nombre el que todavía resuena con fuerza en las calles, es su rostro el que aparece dibujado en los muros, son sus palabras las que están estampadas en los corazones de muchos.
Ver el video también me ayuda a recordar los momentos más difíciles que me tocó afrontar, pues al pasar el tiempo cobra fuerza y sentido la memoria de lo que nos ha tocado vivir a quienes defendemos la vida.
En este como en otros campos, hay una disputa por la construcción de sentidos, por la definición de la imagen de la ciudad, y para ayudar a comprender esta complejidad, La Fiesta Blanca es una herramienta fundamental.
Ellos, atentos y silenciosos, hacen parte de los rituales, graban cada detalle para luego enunciarnos, como si hubiesen hecho un pacto con la memoria, un pacto con las mujeres y sus resistencias.
Ellos, atentos y silenciosos, hacen parte de los rituales, graban cada detalle para luego enunciarnos, como si hubiesen hecho un pacto con la memoria, un pacto con las mujeres y sus resistencias.
En mi concepto, y desde mi experiencia de más de 30 años como afectada directa de la violencia, los considero como una especie de “tejedores de la historia».
Los caminos del retorno se han tornado complejos, porque no solo implican el regreso físico, sino, y sobre todo, recuperar lo que se tenía, lo que se perdió en el desplazamiento: la familia, la casa, la producción, los sembrados, los vecinos, la escuela, la comunidad, la cooperativa, la junta, la esperanza…
El intento por romper la barrera interpuesta entre estos dos mundos es la orden del día. Con el documental Dignidad Campesina se abren grietas a ese muro para que el país se entere de que un nuevo mundo está en construcción.
La “expresión y reflexión” que El Retorno busca promover en las comunidades sobre su propio entorno por medio del audiovisual tiene en este documental un momento valioso, sobre todo como parte de un proceso que se da en el espacio y el tiempo.
La mujer del documental, allá en el pueblo de San Francisco, ubicado en el oriente antioqueño, recorre aquellos caminos amarillos de tierra, encumbrados en montañas minadas de fantasmas.
La foto encubre tragedias, pero la escena también refleja serenidad, y tal vez por los matices de los colores y los pequeños detalles, me recuerda a las pinturas de los maestros antiguos.
Por eso este material es invaluable. Llevarlo a distintos escenarios de discusión, con público diverso, ofrece un excelente punto de partida para un debate amplio sobre el papel de los medios de comunicación en Colombia.
Es un acierto que la Escuela haya incorporado el eje de la memoria como plataforma de formación, investigación y creación; ya que permite a las comunidades campesinas hacer ejercicio de memoria de su historia de desplazamiento forzado por el conflicto.
Dos videos de Producciones El Retorno, elaborados en uno de los momentos más duros que ha vivido la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, me permiten confirmar la lógica del engaño y la mentira.
Este tipo de documentales ayudan en esa necesaria reflexión e interpretación sobre esta dura realidad, contribuyendo a combatir esa imagen estigmatizada que se tiene sobre los habitantes del barrio La Candelaria en Cartagena.
El documental transmite sensaciones. Está hecho desde una cámara enamorada de los colores, del río, de la montaña, de los emberas que con palabras sencillas nos enseñan por qué debemos asumir la defensa de los sitios sagrados.
Guardar silencio no es alternativa, sería cobardía, complicidad con los que generan la muerte, y por eso nace Producciones el Retorno, para hacer Memoria como compromiso histórico, político y de dignidad humana.
Desde la propuesta de “El Retorno” se comienza a producir gran material audiovisual, y con la serie documental Refugiados en su propio suelo (2004-2009) se pudo difundir la situación de los campesinos en situación de desplazamiento forzado.